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miércoles 28 de octubre de 2009

Un País llamado Islandia


Por: David Barzallo
Coordinador de Ruptura Cuenca




A muy pocos nos suena un país llamado Islandia. A lo sumo alguien con imaginación pensará en una isla grandota y lejana, tal vez poblada de hoteles y resorts donde apacibles nativos sirvan bebidas y ejecuten bailes ancestrales. En realidad Islandia era, hasta hace un par de años, el referente mas citado por los economistas neoliberales para anunciar las prodigiosas bondades del libre mercado. Se trata de un país chiquito, huérfano de playas paradisíacas (porque queda al norte del norte, es decir donde hasta las focas se congelan), lleno de volcanes y a medio camino entre Europa y Groenlandia. Así y todo, Islandia se convirtió en uno de los países más desarrollados del mundo. Llegó a ocupar el primer puesto en el famoso Índice de Desarrollo Humano, su PIB per cápita bordeaba los 30000 dólares y hasta se dio el lujo de no ingresar a la Unión Europea bajo el argumento de que su moneda (corona islandesa) no necesitaba de alianzas para prosperar. En ningún país eran tan evidentes las leyes macabras del libre mercado: Los bancos simplemente no tenían regulación, los funcionarios públicos eran casi un objeto coleccionable porque prácticamente todo en Islandia había sido privatizado: Servicios, puertos, obras viales y sobre todo la economía, que no se basaba tanto en la industrialización ni en la prestación de servicios sino, sobre todo, en la especulación financiera.

Islandia fue por mucho tiempo el sueño escondido de gente como Pablo Lucio Paredes, Walter Spurrier, Juan Fernando Carpio, Jorge Ortiz y compañía. ¡Miren el ejemplo de Islandia! decían. ¡Qué maravilla Islandia! ¡Miren cómo es feliz la gente sin ningún estado metiche que les estorbe en sus decisiones! ¡Miren con qué placer derrochan el dinero! ¡Que viva la Libertad de comprar!
Hoy Islandia es un País que se va a pique. De tener hace apenas tres años un índice 0 de desempleo (record mundial) ahora se debate entre un 10% de desempleados y más de un 20% de subempleados. Aunque ya va a cumplirse un año desde que estallo la crisis que obligó al gobierno islandés a nacionalizar la cuantiosa industria pesquera y los tres bancos más grandes del país, todavía no hay signos de que a mediano plazo vaya a haber una recuperación significativa. Probablemente la muestra más patética de ello sea que ayer nomás McDonald’s acaba de anunciar el cierre definitivo de todos sus restaurantes. El gigante corporativo argumenta que ya no les resulta un buen negocio traer su carne congelada desde Alemania puesto que al gobierno islandés le ha tocado incrementar como nunca los impuestos y las tasas aduaneras en un desesperado intento de inyectar liquidez a su mercado interno.

Como si un profeta de los tiempos modernos se tratara, Islandia llora hoy su antigua devoción al dios Mercado. Todo el mundo es consciente de que la falta de regulación financiera, sumada a una exacerbada cultura del consumo son las principales causas de esta debacle. Es una pena realmente, hace apenas tres años una encuesta mundial demostró que los islandeses eran las personas más felices de la tierra. Probablemente ahora sean pocos los que se definan como tal. No intento con ello decir que lo tienen bien merecido, ni que el sufrimiento de ellos me alegre. Todo lo contrario. El sistema capitalista se basa en la mentira y en la injusticia, y sus efectos en los seres humanos me provocan la misma indignación y solidaridad, no importa si se dan en Islandia, Etiopía o en el patio de mi casa.
Lamentablemente, la estupidez humana y la codicia del Poder mal ejercido parecen no tener límites, y el gobierno islandés no ha perdido el tiempo en solicitar al FMI consejos y créditos, lo cual es como solicitarle al verdugo que escoja el color del ataúd. Triste destino de Islandia. Acaban de anunciar que su estrategia para salir de la bancarrota será invertir las joyas de todos los ancestros islandeses para financiar una represa hidroeléctrica que, además de inundar una zona de 60 Km cuadrados, llena de patrimonio natural único en el mundo, garantizará 50 años de energía casi gratuita a la empresa ALCOA, multinacional gringa del aluminio, que en estos momentos está negociando un acuerdo para quedarse de por vida con buena parte de los ricos yacimientos que Islandia ha conservado junto a sus bellísimos fiordos y lagunas. Hoy, el País que más fuertemente apostó por la energía limpia y la conservación, está a punto de vender su alma al diablo. A punto de perder lo único que les queda. Todo en nombre del capital.

David Barzallo
perroruna@gmail.com

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