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viernes 11 de diciembre de 2009

Racionamiento eléctrico y propuesta ambiental

La Revolución Ciudadana frente a la crisis energética

Por: Iván Abril
Miembro de Ruptura


Celeridad: frente a la crisis energética producida por décadas de desinversión estatal, la Revolución Ciudadana actuó de manera inmediata: activó las inversiones para los proyectos hidroeléctricos (estimadas en 6 mil millones de dólares) que le brindarían al país la tranquilidad de crecer y desarrollarse sostenidamente. Entregó más de cinco millones de focos de bajo consumo que permiten ahorrar más de 100 millones de dólares; disminuyó la tarifa eléctrica para los hogares con menor consumo; construyó el parque eólico en la provincia insular de Galápagos (de especial fragilidad ecológica) y en cuatro meses inaugurará la represa hidroeléctrica Mazar. En los umbrales de la cumbre de Copenhague, la propuesta de mantener en tierra la reserva petrolífera y ecológica de Yasuní es realmente revolucionaria.

En el marco del Consenso de Washington la desinversión en el sector estatal afectó al sistema eléctrico ecuatoriano, asediado además por la voracidad privatizadora que pretendía debilitarlo y subastarlo al menor precio. La empresa estatal Inecel, que centralizaba todo el proceso eléctrico, fue desmembrada para dividir al sector y facilitar su venta. Las empresas generadoras de energía fueron separadas de las distribuidoras y de las comercializadoras. En 30 años de desinversión estatal (en un área clave para la producción) no se construyeron centrales hidroeléctricas y la electricidad era suministrada a través de las centrales térmicas más caras y contaminantes; luego se la importó de Colombia y Perú. La actuación de los gobiernos neoliberales, sumado a los efectos del cambio climático, configuró un escenario de carestía de lluvia que disminuyó el caudal de la principal represa hidroeléctrica del país. Frente a esta situación, el gobierno ecuatoriano se vio en la necesidad de iniciar un plan de racionamiento eléctrico con énfasis en los sectores residenciales para evitar el impacto en el sector industrial y comercial para cuidar las fuentes de trabajo.

Manos a la obra

La Revolución Ciudadana actuó de manera responsable a nivel nacional e internacional: en pos de lograr la soberanía energética activó las inversiones para los mega proyectos hidroeléctricos que en suma bordean los 6 mil millones de dólares y que le brindarían al país la tranquilidad de crecer y desarrollarse de manera sostenida. Entregó más de cinco millones de focos de bajo consumo que permiten ahorrar más de 100 millones de dólares; disminuyó la tarifa eléctrica para los hogares con menor consumo como un estímulo para el ahorro de energía; construyó el parque eólico en la provincia insular de Galápagos (de especial fragilidad ecológica) y en cuatro meses inaugurará la represa hidroeléctrica Mazar. La situación del déficit hídrico en la zona que abastece a la principal represa del país es crítica. En un año se registró un preocupante descenso en el flujo de agua: en noviembre de 2008 era de 140 metros cúbicos por segundo; en la actualidad es de 35 metros cúbicos por segundo.

El proyecto Yasuní

El calentamiento global, producto de la lógica del sistema capitalista, junto a los cambios de los regímenes hídricos, las frecuentes inundaciones y sequías demuestran la dramática alteración del ambiente global. En los umbrales de la cumbre de Copenhague, la iniciativa Yasuní propuesta por el gobierno de Correa es de por sí revolucionaria. El proyecto denominado Yasuní ITT – Ishpingo, Tiputini, Tambococha consiste dejar en tierra la mayor reserva de petróleo del país. Aunque la extracción reportaría ingresos que oscilan entre los 5 mil y los 6 mil millones de dólares, el gobierno propone no explotarla para preservar el medio ambiente. Conservar el Yasuní evitaría que se emanen 410 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera en los siguientes 20 años. La propuesta llama a la corresponsabilidad de la comunidad internacional para que asuma el costo de no explotar esta reserva. Yasuní es una de las zonas más biodiversas del mundo, está ubicada en la región noramazónica del país. Fue la reserva del pleistoceno cuando el planeta atravesó por la glaciación, período en que la vida tuvo su refugio en el continente. En una hectárea del Yasuní se encuentran más especies de árboles que en toda América del Norte y un árbol de esta reserva cuenta con más especies de escarabajos que en toda Europa. En Yasuní además existen varias etnias que viven en aislamiento voluntario: los tagaeris, taromenane y oñamenane. Los individuos de estas etnias, que no superan el millar de personas, decidieron no contactarse con Occidente y mantener su sistema de vida en este paraíso natural. Para respetar su decisión, el gobierno ha destinado 700 mil dólares en proyectos de preservación. Las ofertas internacionales de algunos gobiernos europeos son pequeñas en relación a la innovadora propuesta. No comprenden que ellos también están en riesgo porque es el futuro mismo de la humanidad la que está en cuestión.

Desde Quito, Iván Abril

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