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miércoles 3 de febrero de 2010

Calle 13: La nueva canción protesta


Por: David Barzallo
perroruna@gmail.com

Soy parte de la generación mas vacía en la historia de la música. O al menos eso opina la afamada revista Rolling Stone que definió a la década pasada como la peor de todas en cuanto a innovación sonora se refiere. Y tal vez tengan razón. Desde Presley en los 50, pasando por los Beatles, Pink Floyd, Bob Dylan, Morrison, AC/DC o Nirvana cada generación tuvo un género o un artista que marcó su década y que le representa.

En el caso latinoamericano parecen haber quedado también en el pasado las épocas doradas de la trova y la canción protesta, o el afamado Rock Latino que con Soda Stereo a la cabeza posicionaron a nuestro subcontinente en el panorama musical. Del rock latino apenas y sobreviven unos cuantos exponentes que no se cansan de reciclar viejos éxitos mas cargados de nostalgia que de ritmo; y en cuanto a la trova contestataria, pasa desapercibida para la mayoría de los más jóvenes colegas de mi generación. Salvo gente como Silvio, Pablo o Sabina, a quienes por lo demás los salvan sus temas icónicos, otros artistas como Filio, Feliú, Delgado, Drexler, Guerra o Serrano están destinados a grupos mas o menos reducidos de gente que tienen ciertas cosas en común, como por ejemplo odiar profundamente la música de Arjona. Lo cual por un lado mantiene ese estatús de música exclusiva e “inteligente” que tanto gusta a sus oyentes pero que por otro lado contribuye a que los ruidos pop de moda reinen impunemente en las radios y en los videoclips.

Hoy en día, la música “comercial” es la dueña, ama y señora. Y el llamado género urbano es una de sus más rentables aberraciones. Claro que aquello de género urbano es la forma más o menos ornamental que tienen las casas disqueras para llamar al reggaetón, un horroroso refrito auditivo que toma lo peor del rap, del reggae y del dub para, una vez mezclado con monótonos ritmos electrónicos, servir un cóctel frívolo y vacío de contenido cuyo fin último es el de lubricar las intenciones copulatorias de quienes lo bailan.

Sin embargo el mundo es paradójico, y es precisamente de aquel callejón comercial de ruidos condescendientes con las grandes corporaciones del entretenimiento que surge Calle 13. Un conjunto que lleva pocos años pero que ha revolucionado la escena musical y que se perfila con toda certeza a ser aquel icono generacional que tanta falta hace a los que nos criamos entre pantallas propias o ajenas.

Debido a mi natural repulsión a quienes se definan como reggaetoneros (excepto por Don Mani, el artista guayaco que estimo por inexplicables causas chauvinistas) tardé mucho tiempo en escuchar por completo el disco “Los de atrás vienen conmigo”, última producción del trío puertorriqueño que ya daban muestras de querer salirse del rebaño homogenizante de la música comercial cuando escandalizaron en los premios Grammy por sus camisetas en contra de Álvaro Uribe y sus bases militares. Escucharlos fue todo un descubrimiento. Nada más alejado del estereotipo de cantante pasado de peso, repleto de collares dorados, autos de lujo y mujeres en biquini que tararea frases del tipo “déjate mami” o “dele papi dele”. Terminé por toparme con un tipo inteligentísimo, que pone una dosis de rabia tan genuina en cada una de sus letras que hasta parece por un momento que no es una canción sino un alegato. Un tipo que no hace concesiones de ningún tipo, que no asume poses ni pretende pasar por “políticamente correcto”, que dice lo que siente y piensa lo que dice, algo rarísimo en la música de hoy por hoy. En sus letras se podrá encontrar desde reclamos furibundos al status quo de las típicas sociedades latinoamericanas tan conservadoras y mojigatas hasta confrontaciones directas con los dueños del poder corporativo. Es verdad que no se trata de Violeta Parra o Víctor Jara, es verdad que sus letras no tienen un compromiso político tan definido y claro como las viejas canciones protestas de antaño pero Calle 13 cuenta con la ventaja de ser un producto extremadamente popular, sobre todo entre jóvenes, que en su propio idioma ataca al sistema desde adentro. Después de todo ya lo dice su líder y voz principal “Residente” en la canción que abre el disco :”…mi música no es para las discotecas/ mi música es para sembrar semillas en un par de cabezas huecas”. Amén.

David Barzallo / perroruna@gmail.com

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